Es fácil tener una actitud positiva si comprendes que todo tiene su lado bueno, incluso lo más desagradable, para apreciar lo bueno de la vida en toda su plenitud, tenemos que experimentar también su opuesto. Veamos por ejemplo, la felicidad. Si nunca sintieras tristeza, ¿sería la dicha tan maravillosa? Si el mal no existiese, no podrías escoger el bien, si solo tuviésemos días soleados, los daríamos por descontados. Cuando llueve apreciamos los deliciosos días del sol.
v En lugar de quejarte, aprovecharás los buenos aspectos de la situación.
v No te quedarás mucho tiempo en esa mala situación porque no te resistirás a ella.
v Aquello a lo que te resistes, persiste. Por lo tanto, simplemente te pondrás en acción.
v Aceptaras mejor las emociones que experimentas. Cuando estés triste, vivirás plenamente tu tristeza. Cuando te enfades, vivirás ese enfado. Cuando te sientas feliz, vivirás esa felicidad.
v No tenderas a emitir demasiados juicios críticos sobre los acontecimientos. La vida es la vida. Se trata sólo de algo que está pasando. Todo lo que sucede es instructivo de una manera u otra. Forma parte de la totalidad de la experiencia vital. En un mundo donde nadie enfermase jamás, no podríamos apreciar la salud. Todos lo tomaríamos como algo normal. Quizá lo malo sucede para que puedas agradecer lo bueno.